Pecado capital Nº3: Lujuria
Lujuria
A ver, este lo tenemos que encarar con buena voluntad.
Si nos ponemos muy exquisitos cuesta ver el lado oscuro.
Básicamente y resumiendo mucho es que no está bien que te pases el día en bucle.
Follar, follar, follar, follar, follar, follar…
Hay que trabajar, dedicarle tiempo a la familia, estudiar, leer, mirar un poco la televisión de vez en cuando.
Y claro, la otra parte es que procures follarte siempre a la misma persona.
A ver si vas a empezar a follar a diestro y siniestro y San Pedro ya no te abre las puertas del cielo ¡porque ya estás en él!
¡Vamooooos!
Vamos a centrarnos.
Este pecado capital tiene mucho que ver con el autodominio.
Es la capacidad que tienes de controlar tus impulsos y gobernar tú entrepierna.
Especialmente si eres hombre.
Los hombres tenemos tendencia a perdernos en el pecado de la carne.
Ensuciamos nuestros pensamientos y perturbamos nuestra paz con deseos que nunca son complacidos.
Y es justo eso de lo que habla este pecado.
Este es, probablemente, el instinto mamífero que más nos cuesta controlar. Si eres capaz de gobernar tu deseo sexual serás capaz de gobernar cualquier aspecto de ti.
Así es.
Decía Séneca: “No es el hombre que carece de placer el que es feliz, sino aquel que domina sus pasiones”.
La pregunta aquí es ¿cuando cruzo la línea entre querer hacerlo y tener que dominar mis pasiones?
La respuesta para mi es sencilla.
Mientras no afecte a tú vida diaria, rendimiento, familia, pareja y sobre todo no desestabilice tu paz mental.
En cuanto empieza a ser un problema tienes que buscar la forma de gestionarlo.
Solo así dejarás atrás el infierno y podrás acceder al mundo de los vivos.
Ya ves, son muchos grandes pensadores los que sabían que la lujuria estabiliza tu serenidad, tu paz y adultera tu realidad.